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Mi historia con el cáncer de mama: Un viaje de transformación

Dernière mise à jour : 4 mars

La importancia de la detección temprana


Desde que comencé el proyecto con Coup de Pinceau pour la Vie, he tenido la oportunidad de compartir conversaciones y momentos con diversas mujeres que han enfrentado el cáncer de mama con valentía. Para algunas, esta experiencia ha marcado un antes y un después en sus vidas. Les ha permitido adoptar una nueva perspectiva sobre sí mismas y darse cuenta de que son su propia fuerza.


Hoy quiero compartir el testimonio de una de ellas. Se unió al grupo en junio de 2025, en medio del proceso de confección de 100 faldas para la manifestación del 6 de octubre de 2026, en apoyo a la asociación Coup de Pinceau pour la Vie.


Un relato conmovedor


«Mi historia con el cáncer de mama comienza cuando me convertí en huérfana a los 17 años, tras la muerte de mi madre a causa de esta enfermedad a los 47. Desde muy joven, entendí la importancia de realizar exámenes regulares. A los 27 años, empecé a hacerme ecografías mamarias. No sentía ni veía nada anormal, pero debido a los antecedentes familiares, un ginecólogo me recomendó una ecografía. Esta detectó dos pequeñas masas benignas en el seno derecho, que no eran perceptibles al tacto. Me aconsejaron monitorear su tamaño. Cada año, los resultados eran buenos. Sin embargo, durante cinco años, cada ecografía me llenaba de miedo. A pesar de ello, nunca falté a un control, sabiendo que la detección temprana es crucial.


En abril de 2024, a los 32 años, sentí una masa en el seno derecho. La doctora me dijo que no había nada y que regresara al año siguiente. Seis meses después, la masa parecía más grande. La misma doctora me envió de urgencia a hacerme una mamografía. El resultado fue BIRADS 5, y la biopsia confirmó un CANCER TRIPLE NEGATIVO, estadio 2A, con el gen BRCA1. El 21 de noviembre de 2024, recibí el diagnóstico. Mi primer pensamiento fue: no voy a rendirme.


Mi pareja me apoyó en cada momento. Me tomó unos días hablarlo con mis hermanos y hermanas. Cuando finalmente tuve el valor de hacerlo, el peso se aligeró. Mi madre siempre fue mi inspiración. A los 32 años, me sentía realizada, independiente y fuerte. Tras el diagnóstico, el tiempo pareció detenerse. Mi único objetivo era vencer el cáncer. Aprendí a ralentizarme. Después de los primeros tres meses de quimioterapia, una profunda tristeza me invadió. A menudo escuchaba: "Hay que mantenerse positiva". Me sentía culpable por mi tristeza. Así que busqué ayuda de un tanatólogo. Me ayudó a comprender que lo que sentía era parte del proceso, que no tenía que ser fuerte todo el tiempo, que llorar no era ser negativa, y que era válido apoyarse en los demás.


Aprendiendo a valorar el apoyo


Durante mi tratamiento, busqué aprender. Desde muy joven, había tenido que ser independiente y no creía en el amor incondicional. Me di cuenta de que necesitaba a mi familia y amigos, y que ellos también me necesitaban. Me sentía autosuficiente, y estaba equivocada. Sin ellos, esta experiencia habría sido el doble de difícil. Redefiní el sentido de esta enfermedad y aprendí a valorar a quienes permanecieron a mi lado.


Sigo siendo esa mujer independiente y fuerte, pero ahora rodeada de personas que darían su vida por mí. Mi tratamiento consistió en 12 sesiones de quimioterapia, que finalizaron el 8 de julio de 2025. La operación (mastectomía subcutánea bilateral con reconstrucción inmediata y ganglio centinela) se llevó a cabo el 12 de agosto de 2025. Los resultados fueron favorables.


Lamentablemente, el 30 de noviembre de 2025, volví a sentir una masa en el mismo lugar. Una biopsia el 3 de diciembre confirmó una recaída local. Se necesitó una nueva cirugía el 19 de diciembre. Aún debo seguir un tratamiento de radioterapia y un tratamiento oral.


La salud mental es crucial


Una de las lecciones más importantes es que el cáncer no solo afecta el cuerpo; también sacude la mente y las emociones. La ansiedad, la incertidumbre y el agotamiento emocional son constantes. Buscar ayuda psicológica no es una debilidad, sino un acto de valentía y autocuidado. La salud mental es tan crucial como la salud física. El impacto del cáncer no se detiene en el paciente; la familia también carga con fardos. La ayuda psicológica para ellos es igualmente necesaria.


En este camino, comprendí que nadie debería atravesar una experiencia así solo. Pedir ayuda es parte del proceso de sanación. Cuidar de la mente, las emociones y las relaciones es una forma de luchar y vivir con dignidad y esperanza. Para la marca HAUTE À PORTER, conocer la vida de estas mujeres y hombres nos ha permitido entender la importancia del acompañamiento, el autocuidado y los estímulos externos para generar esperanza y motivación. Para más información, contáctenos con las palabras “Guérir du Cancer du Sein”.


La sesión de fotos: un momento de conexión


Debo mencionar que con Rosa Esmeralda Hernández Valenzuela comenzamos la sesión de fotos. Como diseñadora y directora artística de la campaña Kintsugi, estaba nerviosa. Al verla a través del objetivo, sentí una profunda empatía. Verla posar con serenidad y valentía me hizo entender que no se trataba solo de testimonios sobre una enfermedad, sino de la prueba de que la transformación es posible, si realmente lo deseamos.



Rosa Esmeralda Hernández Valenzuela

Diagnóstico confirmado en diciembre de 2024

Pintora: Roxana

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