Martha Elena: el cuerpo que sobrevivió también merece ser celebrado
- Eliot Abner
- 1 sept
- 3 min de lectura
Actualizado: hace 1 día

Hay una diferencia entre sobrevivir y volver a sentirse viva.
Martha Elena García Martínez conoce ambas cosas.
Tenía 57 años cuando, en 2020, antes de acudir a una revisión rutinaria, palpó un bulto en su seno derecho. Acudió inmediatamente a realizarse estudios. La biopsia confirmó lo que ninguna mujer espera escuchar: cáncer de mama.
El diagnóstico llegó acompañado de una circunstancia histórica que hizo todavía más complejo el camino: la pandemia.
No había quirófanos disponibles. Sus padres enfermaron y ambos fallecieron durante el periodo en que ella atravesaba su propio tratamiento. Martha Elena recibió ocho quimioterapias antes de una mastectomía radical.
Pensó que aquel sería el último capítulo.
Tres meses después, en 2021, descubrieron que el cáncer continuaba.
El tratamiento se extendió hasta completar 14 quimioterapias.
La cifra parece resumir una batalla. Pero no explica la experiencia humana que hay detrás.
Martha Elena habla de la información como algo “invaluable”. Cuando su madre padeció la enfermedad, ella no conocía asociaciones ni grupos de apoyo. No sabía dónde encontrar acompañamiento.
Su experiencia posterior fue diferente.
Encontró mujeres que podían entenderla. Encontró información. Encontró una comunidad.
Y encontró el arte.
“¿Qué ha sido para mí el body paint?”, pregunta en su testimonio.
Su respuesta es una declaración de identidad: el body paint le permitió mostrar su cuerpo con orgullo, respeto y propósito. No como un cuerpo definido por una cirugía, sino como una vida llena de color, amor y expresión.
En las fotografías de Una Pincelada por la Vida, el cuerpo se convierte en lienzo. Los artistas intervienen la piel sin intentar borrar las cicatrices. Las incorporan.
Es una diferencia importante.
Durante décadas, la representación comercial del cuerpo femenino ha privilegiado la simetría, la juventud y la ausencia de marcas. Kintsugi propone otra lectura: la belleza no tiene que regresar a un estado anterior para ser reconocida.
Puede transformarse.
Esta idea conecta directamente con la trayectoria de Haute à Porter, la marca mexicana fundada y dirigida por la diseñadora y artista Jehsel Lau. Su trabajo parte de una concepción del lujo que no depende únicamente de materiales costosos, sino de diseño, innovación, singularidad y responsabilidad. La marca desarrolla piezas bajo una filosofía Zero Waste y ha trabajado con textiles de historia, materiales ecológicos y textiles técnicos.
La inclusión tampoco es una conversación nueva para la firma. Su colección PRINCE incorporó Braille y fue concebida para visibilizar las necesidades de personas con discapacidad visual, proponiendo que la moda también puede ser un espacio de representación y empatía.
Kintsugi continúa esa búsqueda desde otra dimensión de la diversidad corporal: mujeres cuyos cuerpos han sido transformados por una enfermedad.
Para Lau, enseñar costura a las sobrevivientes tiene una lógica que va más allá de producir una prenda.
Coser significa participar.
Aprender un patrón significa descubrir una estructura. Cortar significa tomar una decisión. Unir dos piezas significa entender que algo aparentemente separado puede convertirse en una sola forma.
En un proceso de enfermedad, donde tantas decisiones son tomadas por médicos, tratamientos y circunstancias externas, crear con las propias manos puede devolver una pequeña pero significativa sensación de autonomía.
La costura no reemplaza un tratamiento médico ni psicológico. Pero puede convertirse, como sostiene Lau, en una herramienta terapéutica de expresión y conexión.
Y eso es precisamente lo que la moda puede hacer cuando deja de mirar a las personas únicamente como consumidoras.
Puede escucharlas.
Puede aprender de ellas.
Puede construir con ellas.
Martha Elena dice que hoy está sana y que disfruta la vida como un propósito. También quiere ayudar a otras mujeres a encontrar grupos de apoyo, información confiable y personas positivas.
Su historia demuestra algo que las cifras no pueden contar por sí solas: sobrevivir no es solamente permanecer con vida. También significa aprender a habitar nuevamente la vida.
La historia continúa con otra mujer que llegó al diagnóstico desde un lugar diferente: el miedo.
Continúa en “Martha Carolina: cuando el diagnóstico deja de significar muerte”.
La colección Kintsugi utiliza el diseño como lenguaje de resiliencia. La Falda Rosa Soru, actualmente disponible en Haute à Porter, utiliza tela recuperada, patronaje Zero Waste y 100% algodón; el producto está hecho en México.
Las medidas deben consultarse en la ficha correspondiente de cada diseño. Haute à Porter recomienda revisar su esquema de medidas antes de comprar, debido a su sistema especial de tallaje.
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