Xóchitl Pérez: aprender a reconocerse después del cáncer

Xóchitl Pérez Magín atravesó el cáncer de mama, una mastectomía y profundos cambios físicos y emocionales. Su historia muestra el valor del acompañamiento y la importancia de reconocerse después de la enfermedad.
Cuando el espejo cuenta otra historia
Hay cambios que ocurren gradualmente. Otros llegan acompañados de una noticia que modifica la manera en que una persona observa su propio cuerpo.
Para Xóchitl Pérez Magín, el diagnóstico de cáncer de mama abrió un periodo marcado por tratamientos, pérdida del cabello, una mastectomía y una fragilidad que recuerda tanto física como emocional.
La enfermedad no afectó únicamente su salud.
También alteró la relación con su imagen y con aspectos de la vida que antes podían parecer cotidianos.
Su testimonio no presenta ese proceso como una experiencia sencilla ni intenta convertir el sufrimiento en una obligación de optimismo.
Habla de lo difícil que fue.
Y de aquello que le permitió continuar.
Su testimonio, en sus propias palabras
"Soy Xochilt Pérez Magín soy una mujer ala cuál le diagnósticaron Cáncer de Mama hoy en la actualidad he logrado salir adelante en este caminar que no fue fácil transitar por esto el diagnóstico.,los medicamentos la perdida de mi seno ,el perder mi cabello el verme muy frágil tanto físicamente como mentalmente pero hoy puedo decir que Mi fe en mi creador mi familia y mis ganas de vivir fueron mi pilar mi refugio que me ayudó a vivir día a día está enfermedad que llegó a mi por una razón y esa razón es aprender a vivir la vida valorar mi entorno si hoy alguien está pasando por este diagnóstico o por tratamiento les puedo decir desde mi testimonio de vida que no es fácil pero siempre habrá una razón para seguir luchando día a día para salir vencedora de tan fuerte enfermedad como lo es El CANCER DE MAMA"
El cuerpo no necesita volver a ser el mismo
En el imaginario tradicional de la moda, los cuerpos suelen presentarse como superficies perfectas.
Pero los cuerpos reales cambian.
Envejecen.
Enferman.
Son intervenidos quirúrgicamente.
Conservan cicatrices.
Y siguen perteneciendo a las personas que los habitan.
Desde esa perspectiva, la colaboración entre Haute à Porter y Una Pincelada por la Vida plantea una conversación que va más allá de una colección de prendas.
A través de Kintsugi, el proyecto incorpora experiencias de mujeres sobrevivientes de cáncer de mama en actividades artísticas y creativas.
El body painting permite intervenir visualmente el cuerpo sin exigir que desaparezcan sus transformaciones.
La costura, por su parte, introduce otra forma de participación: la posibilidad de convertirse también en creadora.
Coser como una forma de acompañamiento
Jehsel Lau, diseñadora de Haute à Porter, considera que la costura puede funcionar como una forma de terapia desde la experiencia personal y creativa.
Una prenda comienza con decisiones pequeñas.
Elegir una medida.
Trazar una línea.
Aprender a utilizar una máquina.
Deshacer una puntada y volver a comenzar.
En el contexto de Kintsugi, estas actividades forman parte de un espacio compartido donde las participantes pueden aprender nuevas habilidades y colaborar.
El valor de ese proceso no depende de que todas confeccionen perfectamente.
También reside en el tiempo dedicado a aprender y en la posibilidad de hacerlo acompañadas.
La costura no cura el cáncer, pero puede ser una actividad significativa durante la recuperación emocional y la convivencia comunitaria.
La dimensión humana de una enfermedad mundial
La Organización Mundial de la Salud estima que el cáncer de mama causó aproximadamente 694 mil muertes en 2024.
La institución también subraya la importancia de contar con diagnóstico oportuno, tratamientos adecuados, rehabilitación y cuidados paliativos.
Las cifras explican la magnitud del problema.
Pero no describen completamente lo que ocurre cuando una mujer pierde el cabello, se somete a una mastectomía o comienza a sentirse vulnerable frente al espejo.
Para comprender esa dimensión, hacen falta voces como la de Xóchitl.
Su testimonio reconoce la importancia de la fe y de la familia en su experiencia particular.
No presenta un camino universal.
Ofrece el suyo.
Y al compartirlo, deja un mensaje para otras mujeres que hoy atraviesan un diagnóstico o un tratamiento.
No les promete que todo será fácil.
Les recuerda que pueden encontrar razones para continuar, aun cuando el proceso resulte profundamente difícil.
Una vida que sigue perteneciendo a quien la vive
La experiencia de Xóchitl plantea una pregunta importante:
¿Qué significa volver a reconocerse después de una enfermedad que transformó el cuerpo?
Tal vez no signifique recuperar exactamente la imagen anterior.
Tal vez signifique aprender a mirar la que existe ahora.
Con sus cambios.
Con su historia.
Con sus posibilidades.
Porque la identidad de una mujer nunca debería reducirse a aquello que una enfermedad le quitó.
Continúa leyendo esta serie
Artículo 1: “María Elvia: el árbol que aprendió a vivir un día a la vez”.
Una sobreviviente encuentra en la imagen de un árbol una manera de representar la vida, sus decisiones y su fortaleza.
Artículo 3: “Tía Mary: la mujer que sigue presente en la memoria de todas”.
La última entrega cambia de perspectiva: cuando una mujer ya no puede contar su historia, sus compañeras encuentran las palabras para recordarla.









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