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Araceli Patricia Rico: el lujo de elegirse a una misma

hace 1 día
3 min de lectura

A los 55 años y después de un diagnóstico de cáncer de mama grado 3, una frase aparentemente sencilla se convirtió en una declaración sobre autocuidado, identidad y vida.


“Primero yo, después yo y al final yo.” La experiencia de Araceli Patricia Rico cuestiona una vieja costumbre: dejarse siempre para después. Una historia sobre cáncer, autocuidado y el nuevo lujo mexicano.


El 23 de enero de 2025, la vida de Araceli Patricia Rico Cruz, entonces de 55 años, adquirió una fecha imposible de olvidar.

Cáncer de mama.

Seno izquierdo.

Grado 3.

Pero cuando Araceli resume aquello que la experiencia le enseñó, no utiliza lenguaje médico.


Dice:

“Primero yo, después yo y al final yo.”

Y después añade otra instrucción:

“Sonreír y seguir la vida.”

Puede parecer una frase pequeña frente a una enfermedad enorme.

No lo es.


Para muchas mujeres, ponerse primero contradice años de aprendizaje cultural: cuidar hijos, padres, parejas, trabajos, hogares; responder antes de preguntar qué necesitan ellas mismas.

Araceli propone invertir ese orden.



Vestirse para una misma

Este es el segundo capítulo de una serie sobre tres sobrevivientes de cáncer de mama y sobre una marca mexicana que ha comenzado a utilizar la moda para formular preguntas que rara vez aparecen en una etiqueta.


Haute à Porter, creada por la diseñadora Jehsel Lau, trabaja desde Culiacán con una idea de lujo deliberadamente alejada de la producción acelerada.


Sus prendas siguen principios de cero desperdicio, reutilización de textiles y producción lenta. En proyectos anteriores, la marca incorporó Braille y elementos de accesibilidad, llevando la conversación sobre discapacidad hasta un territorio —la alta moda— que históricamente ha privilegiado una definición extraordinariamente estrecha del cuerpo.

La pregunta detrás de ese trabajo parece sencilla:


¿quién tiene derecho a sentirse representado por la moda?


La colaboración con Pincelada por la Vida amplió esa pregunta.

¿Qué ocurre con un cuerpo después del cáncer?

¿Qué sucede después de una mastectomía?

¿Quién decide qué cuerpo puede ser fotografiado, intervenido por un artista, vestido o colocado en el centro de una imagen de moda?

Araceli aparece acompañada por el trabajo artístico de Víctor Hugo Zuga y Giovany Barruquín.

Aquí el cuerpo no necesita disculparse.

Está presente.


La costura como pausa

En el proyecto Kintsugi: El arte de renacer, las participantes no fueron tratadas únicamente como musas.

También fueron creadoras.

Dentro del taller de corte y confección aprendieron técnicas que para algunas eran completamente nuevas.

Jehsel Lau describe la costura como una forma de terapia.


Su planteamiento no pretende otorgarle un efecto clínico. Habla de algo más cotidiano: sentarse frente a una tela, concentrarse en una puntada, aprender un procedimiento, equivocarse y descubrir que siempre existe la posibilidad de continuar.

En una época obsesionada con la velocidad, coser obliga a esperar.

Y quizá esa lentitud explique por qué la experiencia encaja de manera tan natural con la filosofía de Haute à Porter.

Una prenda requiere tiempo.

También una persona.


Primero yo

La frase de Araceli podría interpretarse superficialmente como individualismo.

Dentro de su historia significa algo diferente.

Significa reconocer que cuidarse no tiene que ser el último punto de una lista.

Que estar viva merece atención.

Que un cuerpo que atravesó una enfermedad no necesita demostrar nada para merecer cuidado, belleza o alegría.

Haute à Porter llama a su propuesta “new luxury”.

Quizá su aspecto más interesante no sea decidir si esa definición transformará la industria mexicana.

Es observar la pregunta que deja abierta:


¿qué debería considerarse valioso hoy?


Una prenda irrepetible.

El tiempo empleado en hacerla.

Las manos que aprendieron a confeccionarla.

La posibilidad de que una persona con discapacidad pueda relacionarse con ella.

Una mujer que vuelve a mirarse después del cáncer.

Araceli ya encontró su propia respuesta.

Primero ella.

Después ella.

Y al final, también ella.

No como un acto de egoísmo.

Como la decisión de no volver a desaparecer de su propia vida.


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La serie comenzó con una mujer que escuchó la palabra cáncer y pensó en la muerte, hasta descubrir que sus ganas de vivir eran mayores que su miedo.


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Una sobreviviente encuentra un nuevo propósito: regresar para sostener a las mujeres que apenas comienzan el camino que ella ya recorrió.


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