Irma Sánchez Yepez: cuando el lujo es seguir aquí

Después del miedo, ocho quimioterapias, una mastectomía y 16 sesiones de radiación, una sobreviviente descubre que vestirse, crear y reconocerse también pueden formar parte de volver a vivir.
Irma Sánchez enfrentó el cáncer de mama y descubrió una fuerza que desconocía. Su historia abre una serie sobre Haute à Porter, Pincelada por la Vida y una idea diferente del lujo: estar aquí.
Cuando Irma Sánchez Yépez escuchó la palabra cáncer, pensó en la muerte.
No fue una asociación extraordinaria. Fue inmediata, humana.
Pero casi al mismo tiempo apareció otra idea, mucho más poderosa: quería vivir.
“Eran mucho más grandes mis ganas de seguir viviendo”, recuerda.
Su diagnóstico llegó en agosto de 2020. El tumor medía cinco centímetros y estaba localizado cerca de la axila. Después vinieron la cirugía, ocho quimioterapias, una mastectomía con 16 ganglios retirados y 16 sesiones de radiación.
Enumerados así, los procedimientos parecen una cronología médica. Para quien los atraviesa, sin embargo, cada número contiene días enteros de cansancio, incertidumbre, cambios corporales y miedo.
Irma atravesó todos ellos.
Y permaneció.
“Descubrí en el camino una fuerza que no sabía que tenía”, dice.
Otra definición del lujo
A cientos de kilómetros de las capitales que tradicionalmente dictan qué debe considerarse lujo, una pequeña marca mexicana lleva años formulándose otra pregunta: ¿y si el verdadero valor de una prenda no estuviera únicamente en su exclusividad, sino en la forma en que fue creada y en las personas que decidió incluir?
Desde Culiacán, Sinaloa, Haute à Porter, dirigida por la diseñadora mexicana Jehsel Lau, ha construido su identidad alrededor del slow fashion, la producción de edición limitada y una filosofía de cero desperdicio.
Pero su búsqueda ha comenzado a trascender los materiales.
La marca ha desarrollado propuestas dirigidas a personas con discapacidad, incorporando recursos como Braille y explorando prendas pensadas desde la accesibilidad. Para Lau, hablar de sustentabilidad implica también hablar de seres humanos.
Durante el último año, esa conversación encontró un nuevo territorio en su colaboración con Pincelada por la Vida, asociación que desde Guadalajara trabaja con mujeres y hombres sobrevivientes de cáncer de mama a través del arte, el body painting, el acompañamiento y experiencias de empoderamiento.
De ese encuentro surgió Kintsugi: El arte de renacer.
Y también un taller.
Cuando las manos vuelven a confiar
A las participantes se les propuso aprender procesos de corte y confección para colaborar en la elaboración de prendas.
Medir.
Trazar.
Hilvanar.
Cortar.
Coser.
Acciones ordinarias dentro de un taller de moda adquirieron otra dimensión.
Jehsel Lau habla de la costura como una forma de terapia: no como sustituto de atención médica o psicológica, sino como una actividad creativa capaz de concentrar la atención en las manos, favorecer la convivencia y permitir experimentar nuevamente la satisfacción de construir algo.
Una costura torcida podía deshacerse.
Un trazo podía repetirse.
Una tela cortada exigía encontrar una solución.
Después de una enfermedad en la que tantas decisiones parecen pertenecer a médicos, estudios y tratamientos, crear devuelve una pregunta elemental:
¿Qué quiero hacer con mis propias manos?
En ese espacio, la moda deja de ser únicamente una industria de objetos.
Puede convertirse en conversación.
El cuerpo que permanece
Irma no intenta borrar lo sucedido.
“El cáncer es parte de mi historia, es parte de mi vida, pero no es todo lo que soy”, dice.
Quizá allí se encuentre también la conexión más profunda con Kintsugi, la práctica japonesa que inspira conceptualmente el proyecto: las fracturas no necesitan desaparecer para que un objeto vuelva a tener valor.
Irma habla ahora de priorizarse, disfrutar los momentos y reconocer su propia fortaleza.
Y cuando se dirige a una mujer que acaba de recibir un diagnóstico, no promete un camino sencillo.
Le dice algo más concreto:
no tienes que recorrerlo sola.
La artista Judith Hernández es la pintura que acompaño el cuerpo de Irma, en la interpretación de Kintusgi, donde este proyecto, es cuerpo, arte y moda como una obra de arte, que permanecerá inmortal por siempre.
Durante demasiado tiempo, el lujo fue asociado con aquello difícil de poseer.
La historia de Irma propone otra posibilidad.
Tal vez algunas de las cosas verdaderamente extraordinarias no se poseen.
Se viven.
CONTINÚA LA SERIE
Artículo 2 — “Araceli Patricia Rico: el lujo de elegirse a una misma”
Después de aprender a sobrevivir, otra mujer llega a una conclusión radicalmente sencilla: “Primero yo, después yo y al final yo.”




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