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Martha Carolina: aprender a vivir después de escuchar la palabra cáncer

Actualizado: hace 1 día

Martha Carolina Hernández Sánchez, Diagnosticada desde 2022

La palabra cáncer puede ocupar apenas seis letras y, sin embargo, cambiar la arquitectura completa de una vida.

Martha Carolina Hernández Sánchez tenía 58 años cuando una revisión de rutina modificó su horizonte.

En 2022, su ginecólogo detectó una anomalía en los resultados de una mastografía y la envió con un oncólogo. El diagnóstico fue carcinoma de conductos mamarios in situ.

Para Martha Carolina, aquella frase médica tuvo otro significado.

Muerte.

“Ese diagnóstico fue sinónimo de muerte”, recuerda.

El miedo no llegó solo. Llegaron los duelos, las preguntas existenciales y una acumulación de emociones que, según describe, fueron difíciles de controlar.

Pero tres años pueden cambiar muchas cosas.

No necesariamente porque desaparezca todo lo ocurrido, sino porque cambia la manera de mirarlo.

Martha Carolina comenzó a recibir información. Escuchó testimonios de otras mujeres. Encontró acompañamiento. Y, poco a poco, empezó a comprender algo que para ella sería central: gestionar las emociones también modifica la manera en que tomamos decisiones.

Hoy habla del cáncer de otra manera.

No como una definición de quién es, sino como una experiencia que la llevó a valorar el tiempo.

Su propósito, dice, es vivir con serenidad.

Ese cambio de perspectiva es precisamente el territorio donde Kintsugi: El arte de renacer encuentra su sentido.

La colección de Haute à Porter no intenta construir una imagen idealizada de la supervivencia. No pretende decir que el cáncer produce belleza ni convertir la enfermedad en una metáfora cómoda.

Hace algo más complejo: permite que las mujeres que la atravesaron decidan cómo contarla.

La colaboración con Una Pincelada por la Vida, asociación con sede en Guadalajara, utiliza el body paint para convertir el cuerpo de las sobrevivientes en una plataforma de expresión. Desde 2017, el proyecto ha buscado apoyar, fortalecer y empoderar a mujeres y hombres sobrevivientes de cáncer de mama mediante arte y acompañamiento.

Las fotografías de la campaña muestran cuerpos intervenidos con pintura, cicatrices visibles y, en algunos casos, la ausencia de un seno. No hay intención de ocultar.

Hay intención de mirar.

Ese gesto importa porque el cáncer de mama no es un fenómeno marginal. En 2024 se estimaron 2.4 millones de nuevos diagnósticos entre mujeres y 694,000 muertes en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Además, la OMS señala que alrededor del 80% de los cánceres de mama ocurren en mujeres sin factores de riesgo específicos más allá del sexo y la edad.



Por eso el mensaje de Kintsugi no debería quedar confinado a octubre.

La concientización necesita convertirse en conversación cotidiana: información, detección oportuna, acompañamiento y acceso a atención adecuada.

Haute à Porter llega a esa conversación desde la moda.

La firma de Jehsel Lau ha construido su identidad alrededor del slow fashion, el Zero Waste y la creación de piezas únicas. La diseñadora, formada también en vestuario y con experiencia profesional en Europa, regresó a México y desarrolló una propuesta que busca unir alta moda, innovación y responsabilidad.

La inclusión forma parte de ese recorrido. PRINCE, por ejemplo, incorporó Braille a una colección creada para visibilizar a personas con discapacidad visual y cuestionar la ausencia de representación dentro de la moda.

Kintsugi amplía esa pregunta.

¿Qué cuerpos tienen permiso para aparecer en una campaña de moda?

¿Qué historias consideramos dignas de ser fotografiadas?

¿Puede una cicatriz convertirse en parte de una identidad estética sin dejar de ser una cicatriz?

Las respuestas no están en una pasarela.

Están en mujeres como Ana, Martha Elena y Martha Carolina.

También están en las manos que aprendieron a coser.

Durante el proyecto, Lau enseñó técnicas de confección a mujeres de Pincelada por la Vida para desarrollar las faldas de la colección. La costura funcionó como una actividad concreta, colectiva y creativa. Para la diseñadora, crear con las manos puede convertirse en una forma de terapia: una manera de concentrarse en el presente, recuperar autonomía y transformar emociones en algo tangible.

La colección utiliza patronaje Zero Waste. En productos actuales como la Falda Rosa Soru se especifica el uso de tela recuperada, 100% algodón y patronaje Zero Waste.

Pero el material más importante de Kintsugi no es el algodón.

Es la historia.

Martha Carolina lo expresa desde una conclusión sencilla: toda mujer debe saber que tiene un alto valor, que es bella y única.

Quizá ahí está el verdadero lujo que Haute à Porter intenta redefinir desde México.

No el lujo de tener más.

El lujo de mirar mejor.

De hacer menos piezas, pero hacerlas con significado. De aprovechar un textil en lugar de desecharlo. De diseñar para cuerpos que no siempre aparecen en las campañas. De escuchar a una mujer antes de vestirla.

Y, sobre todo, de entender que una prenda puede ser mucho más que una prenda cuando nace de una conversación humana.

Kintsugi comenzó con mujeres que sobrevivieron.

Pero su pregunta está dirigida a todas.

¿Qué hacemos con la vida que todavía tenemos?


El movimiento continúa

Las historias de Ana, Martha Elena y Martha Carolina no deben entenderse como tres finales felices aislados. Son tres testimonios dentro de una conversación mucho más amplia.

El cáncer de mama continúa afectando a millones de mujeres. La detección oportuna, el acceso al diagnóstico y el tratamiento adecuado siguen siendo fundamentales.

Por eso Kintsugi no es una campaña de octubre.

Es una invitación a mantener abierta la conversación.

A preguntar.

A informarse.

A acompañar.

A no sentir vergüenza del cuerpo.

A no enfrentar el diagnóstico en soledad.

A recordar que detrás de cada cifra existe una persona.

Y que detrás de cada persona puede existir una historia que todavía merece ser contada.

Cierre de la trilogía:Martha Elena: recuperar el cuerpo, recuperar la vidaAna: cuando una cicatriz deja de ser una frontera



La colección Kintsugi forma parte de la propuesta de Haute à Porter de crear moda con diseño consciente. Las piezas se desarrollan bajo principios de Zero Waste y, en productos como la Falda Rosa Soru, se especifica tela recuperada y composición 100% algodón.



Para comprar una pieza de la colección, el lector debe consultar la tabla de medidas específica del producto. Haute à Porter recomienda verificar el esquema de medidas antes de realizar el pedido debido a su sistema especial de tallaje.


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